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Lo social en terapia

Vengo de “lo social”, es decir, de un movimiento de personas convencidas de que lo que nos pasa como seres humanos tiene mas que ver con la cultura y el medio donde estamos que con lo individual. Y en cierto modo hemos querido hacer algo para entender y cambiar lo que nos hacía infelices de la sociedad.

grupo Poco a poco, como otros, fui comprendiendo que, al fin y al cabo, no existe tal sociedad que no seamos cada uno de sus integrantes. Y que el verdadero cambio solo es posible con un cambio interior. Con la actitud. Con lo que yo hago, lo que cada uno hace. Con la capacidad de responder –la responsabilidad- que, al fin y al cabo, es individual. La Psicoterapia Humanista y la Gestalt me han proporcionado valiosos instrumentos en el aprendizaje y acompañamiento de esta actitud.

Creo que el sufrimiento y la felicidad no dependen tanto de las circunstancias externas como de la actitud de cada ser humano frente a dichas circunstancias. Y que sufrimos mucho más por dolores “inventados” que por cualquier dolor real que la vida nos depara. Que gran parte de nuestro sufrimiento es cultural (el miedo a la muerte, la necesidad de ser mirado, los conceptos de éxito o fracaso, e incluso lo que entendemos por amor o desamor, no son “intrínsecos” en el ser humano, sino que pertenecen a nuestra cultura). Y es cierto también que el dolor forma parte de la vida. Que, en cierto modo, aprender del dolor guarda una estrecha relación con aprender de la vida.

Para mí queda claro que el cambio social parte del cambio individual, y que la insistencia de algunas personas en principios morales o revoluciones sociales a veces es una pantalla para ocultar sus conflictos internos. Que para poder ver, es necesario haber hecho el recorrido interno de aceptación y responsabilidad de la propia vida y las propias diferencias. Que muchas de las luchas, desencuentros y guerras son un reflejo de lo que ocurre dentro de cada uno de nosotros. Y la psicoterapia tiene mucho que aportar en ese aprendizaje de una actitud de diálogo y aceptación de las diferencias; de una actitud despierta y responsable, vívidamente comprometida con la propia vida.

Pero, ¿tiene algo que aportar lo social a la psicoterapia? Es evidente que una mirada atenta a la cultura y a la sociedad, puede ayudarnos a comprender de una manera más amplia a las personas. Por otra parte, con frecuencia he encontrado que personas con largas trayectorias terapéuticas parecemos a veces instalados en narcisismo, competitividad y luchas de poder, dependencias o apegos compulsivos a placeres más arbitrarios que gozosos… “cualidades” muchas de ellas, propias de un proceso de individuación inacabado, y también propias de nuestro presente cultural y social.

En mi trayectoria personal y profesional voy encontrándome con la necesidad de tender puentes entre ambos polos de lo que al fin, es una misma cosa. El ser humano. Que es individual y social. Como dice Perls, su comportamiento es función del campo total que lo incluye tanto a él como a su ambiente. Es uno con todo lo que es. Y en esta inquietud me encuentro con la obra de Víctor Frankl, como un puente de unión y comprensión de ambas dimensiones humanas, al completar y ampliar el otro aspecto de la polaridad, poniendo el foco no tanto en lo que el individuo toma del entorno, sino en lo que da al entorno.

Para Frankl, lo que el ser humano necesita en última instancia, es una vida lo más significativa posible. No es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. Y añade:

El verdadero sentido de la vida debe encontrarse en el mundo y no dentro del ser humano o de su propia psique, como si se tratara de un sistema cerrado. Pues solo en la medida en que el ser humano puede entregarse a algo o alguien que le merezca la pena, se autorrealiza. La autorrealización no puede alcanzarse cuando se considera un fin en sí misma, sino cuando se toma como efecto secundario de la propia trascendencia. Es lo que aportamos al mundo, y no lo que le pedimos, lo que nos da el sentido y, en última instancia, la sensación de que nuestra vida merece la pena. V.Frankl

Para mí la aportación de Frankl completa el proceso, cierra una gestalt. Tiende un puente en la interconexión entre individuo y sociedad, añadiendo el concepto de trascendencia. Frankl recuerda que el proceso de crecimiento y madurez, de “autorrealización” del ser humano, no puede acabar en sí mismo. Que este proceso guarda una estrecha relación con la responsabilidad, es decir, la capacidad de dar respuesta. Sólo puede completarse cuando la persona deja de “interponerse” y se “pone”. Cuando se entrega y se responsabiliza en la creación de los propios valores.

Porque finalmente, el ser humano se encuentra a sí mismo cuando vuelve la mirada afuera, y se entrega a algo que le merece la “pena”.

Aurora Morera Vega.
Mayo-03

Escrito por admin el 2 dAmerica/Chicago Enero dAmerica/Chicago 2008 | Categoría: Desarrollo personal, Artículos



Una respuesta para “Lo social en terapia”

  1. ilde comenta:

    el hombre como ser evolutivo no ha alcanzado los niveles de deseables para aceptar su entorno ni satisfacerse de el.

    estamos muy lejos de integrar ese mensaje polar en nuestra herencia genetica.

    pero tanto esfuerzo individual no puede ser efectivo si no existe un cambio de la especie, una nueva raza que este mejor adaptada al medio y que soporte su propia existencia.

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