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Cultiva la receptividad

MIRANDO DESDE UNA PROFUNDA INTERIORIDAD

Por Juan José Greco y Aurora Morera
Publicado en CuerpoMente nº 173, septiembre 2006

puente naranja Vivimos en una cultura en creciente y rápido desarrollo. El avance de la tecnología permite facilitar muchas tareas, lo que en teoría nos da más tiempo libre y mejor calidad de vida. Sin embargo, el crecimiento de los valores humanos no ha ido parejo con el de la técnica y la vida moderna se ha vuelto tan compleja, que un elevado número de personas sufren altos niveles de tensión, ansiedad y estrés, o, en el extremo contrario, hastío, aburrimiento, sin sentido y depresión.

Nuestra sociedad ha priorizado y sobrevalorado el hacer, controlar, tener, lo competitivo, y ha infravalorado y dedicado muy poco tiempo a parar, escuchar, observar y atender lo humano… En contra de lo que pretendemos, esto nos está llevando a una sensación demasiado generalizada de vacío, falta de sentido e insatisfacción.

El ser humano actual desea y necesita encontrarse con aspectos olvidados de sí mismo y del mundo que le rodea. Cultivar la denostada receptividad puede ser una ventana abierta a paisajes más amplios, más vivos y más llenos de sentido.

Puente naranjaCreatividad y Receptividad
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Todo lo vivo proviene de un aspecto creativo y otro receptivo. El I Ching, antiguo libro de sabiduría, nos presenta estos dos aspectos de la realidad como sus primeros exagramas y los define como los dos principios básicos que forman y permiten la vida:

Lo Receptivo es el principio primario, umbrío, blando, del Yin. Todos le deben su nacimiento. Mientras que lo Creativo engendra y todos los seres le deben su comienzo, lo Receptivo es aquello que pare, que acoge dentro de sí lo celestial y le confiere cuerpo. Su esencia es una ilimitada concordancia con lo creativo

Lo creativo y lo receptivo nos muestran dos formas de movimiento y de quietud diferentes. El movimiento de lo creativo es dirigirse hacia delante, hacia la meta, y su quietud es detenerse. El movimiento de lo receptivo, en cambio, es apertura, y su quietud es clausurarse, cerrarse.

Puente naranjaLo femenino, fuente de lo receptivo
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La energía femenina es representativa de lo receptivo, mientras que la masculina lo es de lo creativo. Hombres y mujeres contenemos y necesitamos ambas formas de energía para que los procesos sean completos y vivos. Es tan importante la observación atenta y receptiva como la acción dirigida, para que las acciones que emprendemos estén acordes con la realidad, con nosotros mismos y con lo que valoramos.

Sin embargo, nuestra sociedad es competitiva, y la dinámica competitiva tiene como tendencia comparar, elegir y definir qué o quien es mejor o peor. En el afán por hacer, poseer, controlar y escapar de la vulnerabilidad, nuestra cultura nos ha colocado en un universo muy yang: competitivo, ambicioso, activo, lineal en sus concepciones. Eligió lo masculino como mejor y lo femenino como peor o temible. La necesidad de éxito y de que las estructuras triunfen, esos patrones que operan como mecanismos rígidos, condicionan nuestras conductas. Lo masculino ha impuesto su vorágine creativa, presiona, enmarca, define. La receptividad de lo femenino ha sido atropellada, arrasada. Asusta, aterroriza a veces, vernos en ese estado de incertidumbre que es “estar dispuesto o abierto a lo que venga”.

Para escapar de la ansiedad que nos produce abrirnos a lo desconocido y a lo nuevo, hemos adoptado casi exclusivamente las formas masculinas y pasamos de la actividad a la quietud, pero pocas veces realizamos esa forma de acción receptiva que es estar abierto a lo que hay, permitiéndonos una amplia conciencia de lo que ocurre dentro y fuera de nosotros y un acompañamiento de los procesos en gestación. Hemos estado muy enfocados en los deseos, las metas y los resultados, dejando pasar con demasiada frecuencia la atención a los procesos, a los modos y al transcurrir.

En cierto modo, tanto hombres como mujeres hemos estado empeñados en cerrar, clausurar, lo receptivo y lo femenino. Y ambos estamos perdiendo mucho en esta lucha competitiva que se libra tanto dentro de nosotros como en nuestra realidad social. Reconocer ambos modos de energías y darles su lugar en el proceso creativo es un paso fundamental hacia la salud psíquica y social de nuestra época.

Puente naranjaMiedo al vacío
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Cuando nos abocamos a una actividad compulsiva, a una búsqueda compulsiva o a un compulsivo abandono y desconexión, estamos tratando de llenar un vacío, de escapar de un miedo.

En nuestra cultura el vacío tiene un significado distinto del que tiene en las culturas orientales. Cuando contactamos con el vacío tenemos miedo, porque lo consideramos algo semejante a la nada y a la muerte, y eso para nosotros es fracaso. Cuando un oriental contacta con la nada considera que es el espacio donde “no hay cosas”, hay únicamente proceso, transcurso, posibilidad.

Solemos definirnos por los roles que representamos o deseamos representar, por lo que poseemos o por los conocimientos que acumulamos. Sin embargo, ser persona es mucho más que lo creado y se expande a lo no creado, a lo no controlado, al vacío, a la nueva posibilidad. Esa inmensidad nos asusta. Nos asusta lo desconocido; no poder prever las consecuencias. Nuestro organismo se estresa cada vez que se somete a una situación desconocida. En el basto mundo de lo no conocido, si nos identificamos demasiado con nuestro ánimo más inmediato, el miedo hace presencia.

Paradójicamente, hay que luchar para ser receptivo, para no tratar de controlarlo todo, para entregarse a la escucha sin juicios. Hemos de mirar nuestros propios pensamientos y reacciones cara a cara, sin dejarnos arrastrar por ellos y ver un poco más allá de los muros que imponen nuestra percepción de las cosas.

Estar en actitud receptiva implica para nosotros enfrentarnos a la ansiedad frente a lo desconocido y atravesar en cierto modo ese miedo a encontrarnos con algo terrible, más allá de todas las cosas o roles desde donde nos identificamos. Tememos encontrarnos con que no somos nada, con que no tenemos nada y este miedo provoca que llenemos nuestra observación de conceptos, de palabras, de necesidad de comprender y controlar. La gran paradoja es que cuanto más escapamos del vacío más vacíos nos sentimos…

Al cultivar una actitud receptiva aceptamos y penetramos esta nada, este vacío. Dejamos de apretar y nos damos espacio interno y también dejamos espacio al otro y a lo otro, y nos permitimos mirar, escuchar, notar… ampliamente. Y el desierto empieza a florecer. El vacío se hace vivo, se llena… nada equivale a real, a integración, a recoger todo lo que hay, a escucha profunda, a posibilidad, a permitir que la vida se despliegue en su amplitud.

Una vida que escapa de este encuentro, se aboca obsesivamente a la búsqueda de excitación y placer, al aturdimiento, a la actividad desenfrenada o a la búsqueda de seguridad y poder, pero está carente de sentido. El placer y el triunfo en sí mismos no llenan. Después de alcanzados, se siente uno vacío al no involucrar en la vida la parte receptiva, pues se pierde el contacto con el mundo, con la realidad y con el SER…

Puente naranjaVida social receptiva
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El individuo es considerado un ser esencialmente social, ya que es precisamente en el seno del grupo donde tiene su origen y donde aprende los contenidos socioculturales que caracterizan a su sociedad. Este aprendizaje es obra de la actitud receptiva.

En la infancia somos plenamente receptivos y la curiosidad y la vulnerabilidad favorecen esta apertura a recibir del ambiente lo que necesitamos. En la adolescencia el joven quiere individuarse y busca alternativas de creatividad. Es una etapa donde se bloquea la receptividad y se rechaza todo valor que no provenga de los iguales. La madurez implica que el ser humano ya no está en dependencia ni necesita oponerse, pudiendo entonces estar abierto a aprender y recibir, tanto como a dar y crear.

La educación de nuestros padres ha tenido connotaciones más receptivas al mantenerse el respeto a los mayores y a la “sabiduría del tiempo”. La modernidad ha optado por un extremado “aquí y ahora” y esa receptividad del saber interior se ha transformado en actitudes para el éxito. Hoy en las empresas se observa que la mayor fuente de conflictos y fracasos laborales se deben a problemas en las relaciones interpersonales y se reconoce la necesidad de aprender a escuchar y a escucharse como actitudes básicas de resolución de conflictos y de satisfacción en el trabajo.

Puente naranjaLa importancia de la actitud receptiva
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Aprende a permanecer quieta en medio de la agitación y a vibrar de vitalidad en medio del reposoIndira Ganndhi

Cuanto más amplia sea la visión que tenemos de nosotros mismos y de nuestro entorno, más posible será conseguir lo que nos propongamos, pero, sobre todo, más posibilidades tendremos de elegir conscientemente lo que para nosotros tiene valor.

Cuanto más nos alejamos de contactar receptivamente con la realidad, más disminuida o perturbada es nuestra percepción, menos aprendemos de las nuevas experiencias y más difícil es saber y conseguir lo que necesitamos y nos proponemos. Sin actitud receptiva no es posible, tampoco, valorar y disfrutar lo que ya hemos conseguido.

Cuando nos miramos y miramos al mundo de una manera receptiva podemos encontrar que hay cosas que nos gustan y otras que no nos gustan. Y aceptamos que todo ello está ahí. Vemos también nuestros juicios, lo que pensamos acerca de cómo “deberían ser” las cosas, y aceptamos que son nuestros juicios. Muchos provienen de esquemas familiares y culturales ni siquiera elegidos por nosotros.

A veces no sabemos qué hacer con todo ello. O nos sentimos en caos. No saber, no conocer, nos produce ansiedad e incertidumbre. Tenemos la tendencia a buscar una solución, un modo de salir de esta incertidumbre. A nombrarlo, a juzgarlo, a juzgarnos, a elegir precipitadamente para escapar del dolor de encontrarnos con nuestro momento vital real. Solemos recurrir a nombres conocidos, a salidas conocidas y, sin embargo, en nuestra fantasía, esperamos que ocurran cosas diferentes. En nuestro impulso por la acción inmediata no hacemos más que repetir una y otra vez lo que ya sabemos.

Encontrar una salida creativa pasa necesariamente por escuchar, amplia y receptivamente qué pasa y qué nos pasa. Requiere tiempo. Requiere espacio. Requiere una mirada que acoge sin juzgar, sin empujar. Es una mirada no lineal, sino amplia y compleja. Lo receptivo respeta y disfruta lo logrado e incorpora lo nuevo. Y deja que la vida fluya en su curso, abarcándola. Acepta la vida y la muerte de todo proceso. Deja de agarrar lo viejo que se muere y se empapa con lo conocido y lo desconocido. Deja salir y suelta, deja entrar y acoge. Y sabe que aunque ahora no conoce y no puede comprender lo que es desconocido, todo ello irá alcanzando su forma en la alquimia creativa.

Escrito por admin el 12 dAmerica/Chicago Mayo dAmerica/Chicago 2007 | Categoría: Desarrollo personal, Artículos



Una respuesta para “Cultiva la receptividad”

  1. Isabel B. comenta:

    Me ha interesado mucho este articulo y es muy grafica la imagen de clausurar lo receptivo, que constituye la apertura de lo femenino. Muchas gracias

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